El domingo 5 de abril, mientras con el newton y la ASI estuba haciendo la galaxia M106 y con el Seestar los cúmulos M37 y M68, y el viernes 10 de abril, mientras con el newton y la ASI estaba con las galaxias M58 y las Gemelas Siamesas, con la Canon EOS 70D y el objetivo Canon 15-85 estuve haciendo unas fotos de gran campo; como las de cielo profundo, estas fotografías de gran campo las realicé desde Querol (Tarragona), a una latitud de 41º N.
Hacía pocos días que había empezado la primavera (en el hemisferio boreal, en el austral el otoño, donde además de estas constelaciones, que se ven al revés de como se ven en el del norte, hay otras propias de dicho hemisferio), por lo que la mayoría de imágenes son de estrellas y constelaciones de primavera, aunque en alguna hay todavía estrellas y constelaciones de invierno, pero bastante bajas ya en el cielo.
El cielo de primavera es bastante oscuro, no lo atraviesa la Vía Láctea y tiene pocas estrellas brillantes. Sin embargo sí tiene tres estrellas brillantes, visibles incluso en cielos urbanos, que a su vez son las estrellas más brillantes de las tres constelaciones más importantes de la primavera del hemisferio boreal: Spica de Virgo, Regulus de Leo y Arturo del Boyero.
Estas tres estrellas forman un asterismo en forma de triángulo conocido como el Triángulo de primavera, como puede verse en esta primera imagen.


En la imagen indicada también he señalado Mel 111 (Melotte 111) o Cr 256 (Collinder 256), un cúmulo abierto conocido como cúmulo estelar de Coma, ya que se encuentra en la constelación de Coma Berenices. Es uno de los cúmulos estelares más cercanos (su distancia a nosotros es de unos 280 años luz) y puede verse a simple vista, aunque con unos prismáticos se aprecia y disfruta muchísimo mejor.
Como he comentado, al no estar presente la Vía Láctea, el cielo de primavera nos permite poder «ver» más allá de nuestra galaxia, no hay grandes nubes de polvo y gas que nos tapen y no contiene nebulosas ni cúmulos estelares; pero sí galaxias, muchas galaxias. De hecho, en el Triángulo de primavera, especialmente en la zona comprendida entre las constelaciones de Virgo, Leo y la Cabellera de Berenice (Coma Berenices), hay muchísimas galaxias, muchas de ellas pertenecientes al cúmulo de Virgo, como las mencionadas al principio de la entrada, M58 y las Gemelas Siamesas.
Hacia el este de Virgo nos encontramos con las constelaciones Coma Berenices, Boyero y la Corona Boreal y, por debajo de ellas, empiezan a asomar algunas constelaciones de verano como Hércules, Serpens Caput (Cabeza de la Serpiente) y Libra, como se puede ver en la siguiente imagen.


Al sur de Virgo están las constelaciones del Cuervo, el Cráter y la larguísima Hydra; de hecho, Hydra es la constelación más extensa de las 88 constelaciones oficiales; por encima de Hydra está la pequeña constelación Sextante.
En las imágenes siguientes, pueden verse las constelaciones mencionadas.




También se observa la constelación del hemisferio sur celeste de la Máquina neumática y asoman un poco las también constelaciones australes de la Vela y Centauro.
Hacia el norte de Virgo está Leo, por encima de esta constelación la escurridiza León Menor, casi tocando a ésta hacia el oeste el Lince y al oeste de Leo la también escurridiza Cáncer.
En la siguiente imagen podemos ver estas constelaciones mencionadas.


En la imagen he indicado M44 (el Pesebre), un cúmulo abierto que puede verse a simple vista en cielos oscuros, pero como una mancha borrosa; si queremos distinguir las estrellas del mismo, con unos prismáticos las podremos observar.
Como se observa también en la imagen anterior, al norte del León Menor e Hydra asoma la constelación más famosa del hemisferio norte, la Osa Mayor.
Al noroeste y oeste de Cáncer, se pueden observar algunas constelaciones de invierno, aunque bastante bajas en el cielo, como Géminis, la Auriga y la pequeña Can Menor, tal como se observa en la siguiente imagen.


Se puede observar también al gigante gaseoso Júpiter, que durante esos días estaba en la constelación de Géminis.
Al oeste de Géminis todavía se puede observar algo de la constelación más importante de invierno, Orión y colindante a la Auriga, el Tauro; de hecho, estas dos constelaciones comparten una misma estrella, Elnath, la cual pertenece al Tauro (es su segunda estrella más brillante, β Taurus).
Si seguimos hacia el norte de Auriga, tenemos ya las constelaciones circumpolares, siendo la primera la escurridiza Jirafa.
En las imágenes siguientes puede observarse la Jirafa y asoman ya un poco la Osa Menor, con la estrella Polar y Cefeo; también asoma, pero muy poco, Casiopea, y muy poquito, al noroeste de Ariga, Perseo.




Y ya para acabar, al este de la Osa Menor y entre ésta y Hércules, nos encontramos con la larga y escurridiza constelación circumpolar del Dragón, como se puede ver en la siguiente imagen.

