Las constelaciones de invierno

El cielo de invierno del hemisferio norte (y de verano en el sur, aunque en este hemisferio las constelaciones se ven al revés de como las vemos en el norte y, por tanto,  las fotografías de este artículo también), es muy interesante. Por un lado tenemos la Vía Láctea, no tan espectacular como en verano, pero en cielos oscuros la podemos observar como un arco que surca el cielo desde el Can Mayor, subiendo hasta la Auriga y bajando por Casiopea y Cefeo.

Constelaciones invernales 12_01_2019 Querol_1

Constelaciones invernales

Por otro lado, seis de las constelaciones invernales tienen ocho de las 25 estrellas más brillantes del cielo: Capella en la Auriga, Cástor y Pollux en Géminis, Proción en el Can Menor, Sirio en el Can Mayor, Rigel y Betelgeuse en Orión y Aldebarán en el Tauro. Además de estas seis constelaciones, en el cielo de invierno tenemos dos más, la Liebre y el Unicornio.

Podríamos considerar una más, Eridano, pero en latitudes mayores de 32º N, no se ve entera.

La imagen de la izquierda, que es un mosaico de dos fotografías realizadas desde Querol el día 12 de enero de 2019, con una cámara Canon EOS 70D y un objetivo Canon 15-85 (todas las fotografías de este artículo están hechas desde Querol, con la misma cámara y el mismo objetivo), muestra estas ocho constelaciones y las ocho estrellas mencionadas.

Hexagono invierno 12_01_2019 Querol_2

El Hexágono de invierno

Como se comenta en el artículo Desde Orión y los asterismos de invierno, estas estrellas brillantes forman dos asterismos.

La estrella más brillante de cada una de seis constelaciones (Capella, Pollux, Proción, Sirio, Rigel y Betelgeuse), forman el enorme asterismo el Hexágono de invierno, donde cada una de las seis estrellas serían los vértices de este enorme hexágono.

También se puede coger, en lugar de Pollux, Cástor (la segunda estrella más brillante de la constelación de Géminis), saliendo así un hexágono más regular que con Pollux.

En la imagen anterior, que es la misma que la que abre el artículo, he marcado este asterismo.

El otro asterismo de invierno tiene forma de triángulo. Se le conoce precisamente como el Triángulo de invierno y lo forman las estrellas Proción, Sirio y Betelgeuse, las cuales estarían en los vértices de dicho triángulo.

La siguiente fotografía, realizada el día 23 de febrero de 2019, muestra este otro asterismo de invierno.

Triangulo de invierno 23_02_2019 Querol

Triángulo de invierno

La constelación que reina el cielo de invierno es, sin lugar a dudas, Orión, el Cazador. De ella ya hablo en los artículos El cinturón y la espada de Orión y en Desde Orión y los asterismos de invierno. Orión es, y siempre ha sido, mi constelación preferida. Fue la segunda que identifiqué, la primera, como muchos otros, fue la Osa Mayor.

En casa de mis padres había unos libros de diversos temas, “Biblioteca Salvat gt de grandes temas”, de los cuales tres eran de astronomía. La de veces que me los leí. Pero sobre todo me asombraban aquellas fotografías, especialmente dos, la Gran nebulosa de Orión y la nebulosa Cabeza de Caballo, ambas en la constelación de Orión. Yo pensaba que esas fotos solo se podían conseguir con aquellos telescopios enormes del observatorio de Monte Palomar y similares; nunca me imaginé que algún día, yo mismo y muchos aficionados más, podríamos conseguir con telescopios de aficionado, esas mismas fotografías y no solo eso, sino con mucha mejor calidad.

Me empecé a preguntar dónde estaba dicha constelación de Orión y, un día, bueno, una noche de invierno, asomado a la ventana de mi habitación de la casa de mis padres, en Barcelona, la cual tenía una visión desde el nordeste al sur, me di cuenta que la tenía enfrente, en el cielo por encima del mar. Resulta que siempre la había tenido allí y nunca me había dado cuenta.

Orión es muy fácil de identificar, incluso en cielos urbanos, por poseer ocho estrellas bastante brillantes que le confieren esa forma de cafetera. En la siguiente imagen, realizada el día 30 de noviembre de 2019, he señalizado estas ocho estrellas más brillantes de Orión.

Zona Orion 30_11_2019 Querol

La constelación de Orión

Empezando por la cabeza del cazador, tenemos la estrella Meissa (λ Ori, Lambda Orionis). Es una estrella doble de magnitud aparente +3,4. La estrella principal, Meissa A, es una gigante azul de tipo espectral O; la compañera, Meissa B, es una estrella más fría de tipo espectral B. Meissa, que se encuentra a unos 1100 años luz de distancia, forma parte de un cúmulo abierto denominado Collinder 69, el cual está rodeado por una nebulosa de emisión de 150 años luz de diámetro, catalogada como Sh2-264 y conocida como el Anillo Lambda Orionis. Las estrellas de Collinder 69 se formaron a partir de esta nebulosa y parece ser que es Meissa la que excita el hidrógeno de Sh2-264 y hace que la nebulosa brille. El nombre de Meissa viene del árabe, Al-Maisan, “la estrella brillante”, aunque también he leído que significa “marchando orgullosamente” ¿?

Seguidamente nos encontramos con los hombros de Orión, es decir, con las estrellas Betelgeuse (α Ori, Alpha Orionis) y Bellatrix (γ Ori, Gamma Orionis). Bellatrix, con una magnitud aparente de +1,6, es la tercera estrella más brillante de Orión. Es una estrella gigante azul del tipo espectral B que está a unos 250 años luz de distancia. Su nombre proviene del latín y significa “La Guerrera”.

Betelgeuse, a pesar de ser la estrella alfa de Orión, es la segunda más brillante de dicha constelación. Y no solo eso, de tener una magnitud visual de + 0,5, lo que la hacía ser la 10ª estrella más brillante del cielo, en la segunda mitad del año 2019 bajó su brillo en un 70%, situándose en el puesto 22º. Betelgeuse, situada a unos 500 años luz de distancia, es una estrella supergigante roja (su masa es de unas 20 veces la masa del Sol), que está en un estado avanzado de su vida. Además, es una estrella variable, su brillo varía en subidas y bajadas a lo largo del tiempo. Así que, esta disminución en su brillo podría ser debido a que esté en fase de bajada. Pero también se especula en que, esta bajada de brillo, sea debida a que está entrando en la fase de contracción de la estrella antes de colapsarse y explotar como supernova. De hecho, se piensa que esta explosión de supernova podría ser inminente, pero claro, esto a escala estelar, en nuestra escala humana podría ser mucho, mucho tiempo.

Siguiendo hacia abajo, nos encontramos con tres estrellas muy características de esta constelación y que forman el Cinturón de Orión. Estas tres estrellas, Alnitak (ζ Ori, Zeta Orionis), Alnilam (ε Ori, Epsilon Orionis) y Mintaka (δ Ori, Delta Orionis) están prácticamente alineadas, desde nuestra perspectiva terrestre, y son conocidas popularmente como “Las tres Marías”. En las proximidades de Alnitak, nos encontramos con la famosa nebulosa oscura Cabeza de Caballo resaltando sobre la nebulosa de emisión IC 434, la pequeña nebulosa de reflexión NGC 2023 y la espectacular nebulosa de la Flama (NGC 2024). Además, desde Alnitak y en dirección hacia Betelgeuse, nos encontramos con un grupo de nebulosas de reflexión, M78, NGC 2071, NGC 2064 y NGC 2067.

Del Cinturón de Orión cuelga la Espada de Orión, pero en este caso no está formada por estrellas individuales, sino por unas nebulosas y unos cúmulos abiertos. Destaca la famosa M42, que junto con la nebulosa De Mairan (M43), forman la Gran Nebulosa de Orión. También forman parte del cinturón una preciosa nebulosa de reflexión, la nebulosa del Hombre Corriendo y los cúmulos abiertos NGC 1980 y NGC 1981.

Finalmente, los pies de Orión son las estrellas Rigel (β Ori, Beta Orionis) y Saiph (κ Ori, Kappa Orionis). Rigel, con una magnitud aparente de +0,15, es la estrella más brillante de Orión y la séptima más brillante del cielo. Es un sistema triple cuyo componente principal, Rigel A, es una supergigante blanco-azulada de tipo espectral B. Se encuentra a unos 860 años luz de distancia y su nombre proviene del árabe, ar-Rijl al Jabbar, “el pie izquierdo del gigante”.

Saiph, con una magnitud visual de +2, es la sexta estrella más brillante de Orión y se trata también de una supergigante blanco-azulada de tipo espectral B. Está a unos 720 años luz de distancia y su nombre viene también del árabe, saif al jabbar, “la espada del gigante”.

Alrededor de Orión nos encontramos con el resto de constelaciones de invierno, por lo que el Cazador nos servirá de referencia para encontrar estas constelaciones invernales.

Por debajo de Orión nos encontramos con dos constelaciones muy ligadas al Cazador, la Liebre, a la cual perseguía Orión y el Can Mayor, uno de sus dos perros de caza. Son dos constelaciones del hemisferio sur celeste (de hecho, el ecuador celeste pasa por el cinturón de Orión, en concreto por Mintaka), pero que se ven, bajitas en el cielo, en latitudes no muy altas del hemisferio norte terrestre. El Can Mayor es la constelación que contiene la estrella más brillante del cielo, Sirio (α CMa, Alpha Canis Majoris). Es una estrella binaria que tiene una magnitud visual de -1,46. La componente principal de Sirio, Sirio A, es una estrella blanca del tipo espectral A y de un tamaño que no llega a dos veces el del Sol; su compañera, Sirio B, es una enana blanca que no se ve a simple vista. Sirio está bastante cerca del Sol (8,6 años luz), lo que la hace la séptima estrella más cercana. Su nombre proviene del latín, Sirius, que a su vez adoptaron del griego Seirios que los cuales, a su vez, probablemente adoptaron de otras culturas.

Hay otra tercera constelación a los pies de Orión, en concreto, una parte de ella casi toca a Rigel, que es Eridano. Es una enorme constelación del hemisferio sur (es la sexta constelación mayor de las 88) que, en el hemisferio norte terrestre, solo se ve entera por debajo de los 32º por lo que, en mi latitud de Barcelona (41º N), no se ve entera. La mitología de Eridano se asocia a diversas leyendas, pero en todas ellas asocian esta constelación a un río, entre ellos, el Nilo, el Éufrates y el Po.

En las dos imágenes siguientes, realizadas la primera el 23 de febrero y la segunda el 30 de noviembre, ambas de 2019, podemos ver estas constelaciones en los pies de Orión.

A la izquierda de Orión, visto desde el hemisferio norte, esto es, a la derecha del Cazador (hacia el este), nos encontramos con tres constelaciones más de invierno: el Unicornio, el Can Menor y Géminis. El Unicornio, o Monoceros, es una constelación mediana, pero con estrellas poco brillantes que la hacen difícil identificar. De hecho, α Mon (Alpha Monocerotis), su estrella más brillante, tiene una magnitud visual de +3,9. En el Unicornio se encuentra la preciosa nebulosa de emisión la Roseta y su cúmulo asociado.

El Can Menor, una constelación pequeña (su asterismo consta solamente de dos estrellas), es el otro perro de caza de Orión. Su estrella más brillante es Proción (α CMi, Alpha Canis Minoris) tiene una magnitud visual de +0,4, lo que la situa como la octava estrella más brillante del cielo. Es una estrella binaria cuya componente principal, Proción A, es una estrella subgigante blanco-amarilla de tipo espectral F; su acompañante, Proción B, es una enana blanca difícil de observar. Proción se encuentra a unos 11,4 años luz de distancia de nosotros.

Géminis, los Mellizos, es una de las doce constelaciones del Zodiaco. Destacan sus dos estrellas más brillantes, Cástor (α Gem) y Pollux (β Gem), representando a los gemelos Cástor y Polideuco (Pollux para los romanos), nacidos de un huevo que puso Leda, la reina de Esparta, según la mitología griega. Castor, que es la segunda estrella más brillante de Géminis (la primera es Pollux), es una estrella múltiple cuya componente principal, Cástor A, es una estrella blanca de tipo espectral A. Cástor tiene una magnitud visual de +1,6 y está a una distancia de unos 51 años luz. Pollux es una gigante naranja de tipo espectral K, que tiene una magnitud visual de +1,14 y que está a una distancia de unos 33,8 años luz. En Géminis se encuentran el cúmulo abierto M35 y el remanente de supernova catalogado como IC 443 (la nebulosa Medusa).

En la siguiente imagen, realizada el día 23 de febrero de 2019, podemos ver estas constelaciones.

Zona Cancer 23_02_2019 Querol

Unicornio, Can Menor y Géminis

Estas tres constelaciones nos enlazan con la Hydra, Cáncer, el Lince y las demás constelaciones de primavera, como puede verse en la imagen siguiente realizada también el día 23 de febrero de 2019.

Zona Cancer 23_02_2019 Querol_b

Constelaciones zona Cáncer

Por encima de Orión nos encontramos con las dos últimas constelaciones de invierno, Auriga y Tauro. Estas dos constelaciones están unidas por una estrella que comparten, Elnath. Esta estrella tiene la denominación β Tau (Beta Taurus), ya que realmente pertenece a la constelación Tauro (Elnath es la segunda estrella más brillante de dicha constelación).

En las dos fotografías siguientes, podemos ver estas dos constelaciones unidas por Elnath. La primera es del 23 de febrero y la segunda del 30 de noviembre, ambas del 2019.

La constelación Auriga, el Cochero, es muy fácil de identificar por su característica forma de pentágono. Su estrella más brillante, Capella (α Aur), que está a una distancia de unos 42 años luz, en realidad es un sistema cuádruple, es decir, son cuatro estrellas. Sus dos principales componentes, Capella A y Capella B, son gigantes amarillas del tipo espectral G, mientras que las otras dos, Capella C y Capella D, son enanas rojas de tipo espectral M. En conjunto, Capella tiene una magnitud aparente de +0,05, lo que la hace la sexta estrella más brillante del cielo. El nombre de Capella proviene del latín, que significa “la pequeña cabra”, haciendo referencia a Amaltea, la ninfa griega en forma de cabra que amamantó a Zeus. Auriga tiene tres cúmulos abiertos, M36, M37 y M38, visibles perfectamente con unos prismáticos. Así como la nebulosa de emisión la nebulosa de la estrella Llameante.

Tauro, el Toro, es la última constelación invernal que nos queda. Su estrella más brillante, Aldebarán (α Tau), representa el ojo del Toro. Es una estrella de magnitud visual +0,85, haciéndola la 14ª estrella más brillante del cielo. Aldebarán, que se encuentra a una distancia de unos 67 años luz, es una estrella binaria cuya componente principal es una gigante rojo-naranja de tipo espectral K; su compañera es una enana roja de tipo espectral M. Su nombre proviene del árabe, al-dabaran, “la que sigue”, haciendo referencia a que sigue a las Pléyades en su recorrido por el cielo.

Su segunda estrella más brillante es, como ya se ha comentado, Elnath (β Tau), que une el Tauro con Auriga. Está situada a unos 133 años luz de distancia y es una estrella gigante azul de tipo espectral B, con una magnitud aparente de +1,65. Debido a que es una estrella compartida con Auriga, Elnath también tiene la denominación Bayer de γ Aur (Gamma Aurigae), aunque apenas se utiliza. Su nombre proviene del árabe, an-nath, “el que da cornadas”, por encontrarse en la punta de uno de los cuernos del Toro.

El Tauro contiene dos cúmulos abiertos bastante cercanos a nosotros y visibles a simple vista, las Híades y las Pléyades. Aunque parezca que Aldebarán pertence a las Híades, no tiene nada que ver con este cúmulo, casualidades de nuestra perspectiva terrestre. Las Pléyades es un bonito cúmulo abierto que parece una Osa Mayor pequeña. Además, en el Tauro nos encontramos con el famoso remanente de supernova M1, la nebulosa del Cangrejo.

Auriga, por el este, nos enlaza con el Lince y las constelaciones de primavera. Por encima de Auriga y del Tauro nos encontramos con Perseo, Aries, el Triángulo y otras constelaciones de otoño, como puede verse en las siguientes imágenes, realizadas los días 7 de diciembre de 2018 (la primera) y 30 de noviembre de 2019 (la segunda).

Finalmente, por el oeste del Tauro y de Eridano, nos encontramos con la Ballena y el resto de constelaciones de otoño, como puede verse en la imagen siguiente, realizada el día 23 de febrero de 2019.

Zona Andromeda 23_02_2019 Querol

Constelaciones zona Aries

En la imagen siguiente, realizada a partir del Stellarium, pueden verse las figuras que representan las constelaciones invernales.

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Figuras de las constelaciones de invierno

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Luna y Venus 29/01/2020

Luna-Venus 29_01_2020_c

Luna-Venus

Durante los últimos días de enero y primeros de febrero de 2020, la Luna y Venus han estado visibles en el mismo momento en los atardeceres. En concreto, desde el primer día del ciclo lunar, esto es, desde el 25 de enero, hasta su día 16 (un día después de Luna llena), estos dos astros del Sistema Solar han permanecido visibles en el mismo momento.

Desde el 25 de enero hasta el 28 del mismo mes, ambos astros fueron aproximándose; en concreto, el día 28, día de su máxima aproximación, estaban muy próximos en el cielo. A partir de ahí, se fueron alejando día tras día.

Aprovechando tal evento, el día 29 de enero me subí al terrado de mi vivienda en Cornellà de Llobregat, para hacer fotos de esta aproximación. Para ello utilicé la Canon EOS 70D y los objetivos Canon 15-85 y 70-300.

En la imagen anterior podemos ver a la Luna y a Venus bastante próximos en el cielo. Venus es ese puntito que se ve por debajo y hacia la derecha de la Luna. Ya no estaban tan próximos como el día anterior, pero sí bastante.

Las dos imágenes siguientes son también de esta aproximación de nuestro satélite y nuestro planeta vecino.

Aumenté la focal del 15-85 para hacer una última fotografía de la aproximación de los dos astros.

Luna-Venus 29_01_2020_d

Aproximación Luna-Venus

El día 29 de enero, la Luna estaba creciente en su cuarto día, con un 16% de iluminación. En estos días tempranos de la Luna, la zona oscura (de noche) de nuestro satélite, aparece iluminada con una luz muy tenue, la llamada luz cenicienta. Esta iluminación es debida a la Tierra: la luz del Sol que incide en nuestro planeta, es reflejada e ilumina tenuemente la Luna, la zona no iluminada directamente por el Sol, de la misma manera que la luz de la Luna (la luz del Sol reflejada en la Luna), nos ilumina tenuemente por la noche.

En la fotografía anterior puede verse esta luz cenicienta de la Luna. Pero ésta se ve mucho mejor en la imagen siguiente, realizada en este caso con el 70-300.

Luz cenicienta 29_01_2020

Luz cenicienta

Con el 70-300 hice una más, la imagen siguiente, la Luna creciente en su cuarto día del ciclo.

Luna creciente 29_01_2020_a

Luna creciente de 4 días

Aunque con telescopio podemos observar unos cuantos cráteres, con el teleobjetivo también es posible observar algunos. En la imagen siguiente, que es la misma que la anterior, he indicado los más importantes, así como el Mare Crisium y parte del Fecunditatis, los únicos mare que se ven con cuatro días.

Luna creciente 29_01_2020_b

Luna creciente de 4 días

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Luna de 16 días, un día después de llena

El sábado 11 de enero de 2020, la Luna estaba gibosa menguante, con una edad de 16 días (un día después de llena) y con un 99% de iluminación. Este hecho, el que estuviera prácticamente en fase de Luna llena, hacía que no fuera el mejor momento para su observación y fotografía, pero quería probar una cámara de nueva adquisición para astrofotografía planetaria, una ZWO ASI 224 MC, así que aproveché que me encontraba en Querol para montar el telescopio y fotografiar la Luna.

Luna gibosa menguante 11_01_2020 Querol_a

Luna gibosa menguante

Antes de probar dicha cámara quería hacerle una foto a la Luna entera con el telescopio y la réflex, pero como me ha ocurrido en más de una ocasión, me olvidé algo en casa, es que tengo una cabeza.

En concreto me dejé una pieza que sirve para poder acoplar el cuerpo de la réflex en el telescopio, el llamado adaptador T, con lo que no pude hacer la foto de la Luna entera con el telescopio.

De todas maneras, como tenía el teleobjetivo (Canon 70-300), lo puse en la réflex (Canon EOS 70D) y le hice la foto anterior.

Luna gibosa menguante 11_01_2020 Querol_b

Luna gibosa menguante

Al estar prácticamente llena, la iluminación es tan intensa que los cráteres son prácticamente inapreciables. No obstante, los tres representativos de la Luna, Plato en el norte, Copernicus en el centro y Tycho en el sur, se ven incluso en Luna llena; en estos dos últimos podemos observar perfectamente sus sistemas de rayos, los cuales son visibles precisamente cuando la Luna está llena o casi llena.

Otro cráter con sistema de rayos es Kepler, un poco a la izquierda de Tycho, el cual también puede verse. Otros cráteres que podemos ver, a pesar del enorme brillo de la Luna, son el enigmático Aristarchus y el oscuro Grimaldi, ambos en la zona oriental de nuestro satélite.

En la zona occidental, en el terminador son observables los cráteres Langrenus y Petavius y, lo que siempre podemos ver cuando la Luna está llena o casi llena, son todos sus mares.

En la imagen anterior, que es la misma que la primera, he puesto los nombres de los cráteres citados, así como de los mares principales.

Una vez realizada esta fotografía, monté el telescopio (el reflector Skywatcher 200/1000) y me dispuse a hacer fotos del terminador con la ASI 224 MC. En concreto hice tres, una del norte, otra del centro y otra del sur. Esta primera es la de la zona norte del terminador.

Destaca en esta zona el Mare Crisium. Como el resto de los mares de la Luna, se trata de un enorme cráter cuyo fondo se inundó de lava fluida. No es circular, como nos parece al mirarlo desde la Tierra, sino más bien ovalado, midiendo unos 570 km de norte a sur y unos 620 km de este a oeste. El Mare Crisium está rodeado de los restos de la pared del antiguo cráter, de 3000 metros de altura. Además, después de la inundación de lava, cayeron algunos meteoritos que formaron cráteres, como Picard y Peirce.

Al norte del Mare Crisium destaca el cráter Cleomedes, formado casi a la par que aquél. Es un cráter de 126 km de ancho y 3000 metros de profundidad, con algunos pequeños cráteres en su interior y una pequeña montaña en su centro. Al norte de Cleomedes destaca un trío de cráteres, Burckhardt, Geminis y Messala de 55 km, 85 km y 125 km de diámetro respectivamente.

La fotografía anterior, la segunda que realicé, corresponde a la zona centro del terminador. En ella nos encontramos con el Mare Fecunditatis, que tiene una extensión de unos 600 km x 500 km y cuya cuenca se solapa con la del Mare Tranquilitatis y el Mare Nectaris. Al este del Mare Fecunditatis nos encontramos con el cráter más destacado de esta zona de la Luna y uno de los más bonitos cráteres lunares; se trata de Langrenus, un precioso cráter de unos 130 km de diámetro y con una muralla interna en forma de terraza de unos 2600 metros de altura. En el centro de Langrenus se encuentran dos picos de unos 1000 metros de altura.

Por debajo de Langrenus nos encontramos otro cráter interesante, Vendelinus, más antiguo que aquél, de unos 150 km de diámetro y con una muralla de unos 1000 metros de altura. Vendelinus está bastante deteriorado debido a impactos más recientes, como el que formó el pequeño cráter Lohse, al norte de Vendelinus, y de unos 50 km de diámetro.

La siguiente fotografía es la tercera y última que realicé y corresponde a la zona sur del terminador de la Luna con 16 días.

Sin lugar a dudas, en esta zona del terminador, el cráter que más destaca es Petavius, tan interesante como Langrenus y el cual se ve con más detalle en la foto de la zona centro. Situado en el sur del Mare Fecunditatis, Petavius es un cráter de 177 km de anchura y con una pared interna de 3300 metros de altura. En su centro hay un macizo montañoso con cinco picos, de los cuales, el más alto, tiene 1700 metros. Al noroeste de Petavius nos encontramos un pequeño cráter de 57 km de diámetro y 2300 metros de profundidad, es el cráter Wrottesley.

Por debajo de Petavius hay dos cráteres más pequeños pero interesantes, son Stevinus y Snellius, de unos 80 km de diámetro. El suelo de Stevinus es llano y con una montaña central, mientras que el de Snellius es más accidentado.

Finalmente, otro cráter interesante de esta zona es Furnerius, más al sur que los dos anteriores. Se trata de un cráter de 125 km de diámetro que se encuentra bastante deteriorado, debido a diversos impactos posteriores a su formación que formaron una serie de pequeños cráteres.

La siguiente imagen es un mosaico de las tres anteriores, donde podemos observar todo lo comentado en este artículo.

Terminador Luna 11_01_2020 Querol

Terminador de la Luna un día después de llena

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Luna 30/11/2019

El sábado 30 de noviembre de 2019, la Luna estaba en fase creciente, con 4 días y una iluminación del 17%.

El día estuvo tranquilo, con un cielo raso, azul y sin nubes. Mi idea era hacer algunas fotos de la Luna con la cámara y objetivo, tanto de día como de noche y más tarde montar el telescopio y hacerle alguna más a la Luna y, como en esta fase se pone muy pronto, hacer algún objeto de cielo profundo, así como fotos sin telescopio del cielo, de las constelaciones.

Pero como nos ocurre numerosas veces a los aficionados a la astronomía, cuando has montado todo el telescopio y sus diferentes artilugios, llegan las nubes y se acabó. En mi caso no llegué a montarlo todo, pero sí a medias y, viendo la capa de nubes que se puso en el cielo, y una niebla bastante considerable, desmonté lo montado.

astronubesHace unos años encontré un gif animado que resume esta situación, me hizo mucha gracia y lo guardé.

No puedo poner la fuente porque no la sé, corría por Internet pero no recuerdo que pusiera la autoría. De todas maneras aquí lo tenéis.

A pesar de todo, antes de que las nubes cubrieran todo el cielo, pude hacerle alguna foto a la Luna, aunque sin telescopio. Además, cuando me iba a dormir, las nubes casi se fueron del todo y, aunque era tarde para montar el telescopio, pude hacer alguna foto de constelaciones, de las cuales hay algunas en el artículo Las constelaciones de otoño.

Las fotos las hice con la Canon EOS 70D y los objetivos Canon 15-85 y 70-300. Empecé con el primero y la primera foto es la siguiente, donde las únicas nubes eran las producidas por el vapor de aguas de dos aviones.

Luna creciente y aviones 30_11_2019 Querol

Luna creciente y aviones

Se puso el Sol y empezaron a venir algunas nubes, pero no parecían amenazadoras, como puede verse en las imágenes siguientes.

Empecé a montar el telescopio, pero dejé la cámara puesta y seguí haciendo alguna foto de la Luna. Todavía no era de noche y las nubes grises y espesas empezaron a aparecer por el horizonte, como puede verse en la imagen siguiente.

Luna creciente en el crepusculo 30_11_2019 Querol

Luna creciente en el crepúsculo

A partir de aquí, las nubes cubrieron el cielo bastante deprisa, pero en un pequeño claro que había en la zona de la Luna, pude hacer dos fotografías más con el 70-300. En esta primera se ve un poco la luz cenicienta de la Luna.

Luna creciente y luz cenicienta 30_11_2019 Querol

Luna creciente y luz cenicienta

Y en esta otra, ya de noche, podemos ver algún cráter.

Después de esta foto, recogí todo, me fui a cenar y se acabó la sesión.

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Las constelaciones de otoño

Todas las estaciones, en el hemisferio boreal, tienen sus constelaciones y/o asterismos que las representan. En primavera tenemos el Triángulo de primavera, en verano el Triángulo de verano, en invierno la constelación de Orión y los asterismos el Hexágono y el Triángulo de invierno y en otoño la constelación Pegaso y el asterismo el Gran Cuadrado de Pegaso, del cual ya hablo en Desde Pegaso y el Gran Cuadrado.

Como se comenta en dicho artículo, este asterismo está formado por cuatro estrellas bastante brillantes que están en los vértices de un enorme cuadrilátero casi cuadrado y que son: Alpheratz (α And), Scheat (β Peg), Markab (α Peg) y Algenib (γ Peg). Alpheratz en realidad pertenece a la constelación de Andrómeda (es la estrella más brillante de dicha constelación) y une esta constelación con la de Pegaso.

En la imagen siguiente, realizada desde Querol el día 7 de septiembre de 2019 con una cámara Canon EOS 70D y un objetivo Canon 15-85 (todas las imágenes de este artículo, están realizadas con esta cámara y objetivo), podemos ver la constelación de Pegaso y el Gran Cuadrado.

Cuadrado de Pegaso 07_09_2019 Querol_b

Pegaso y el Gran Cuadrado

Alpheratz, en realidad, es una estrella compartida por Andrómeda y Pegaso de manera que, si bien hoy día se la considera de Andrómeda y se la conoce como α And, en su día Johan Bayer la incluyó en Pegaso como δ Peg, por lo que nos podemos encontrar Alpheratz con esta denominación, si bien es más conocida como α And. Está situada a unos 97 años luz de distancia y es una estrella binaria de magnitud aparente +2,05, cuya componente principal es una gigante blanco-azulada del tipo espectral B. Además de Alpheratz también tiene el nombre de Sirrah, ambos del árabe Al Surrat al Faras (el ombligo del caballo).

Scheat es la segunda estrella más brillante del caballo alado, con una magnitud aparente de +2,4. Es una gigante roja del tipo espectral M, situada a una distancia de unos 196 años luz. Su nombre proviene también del árabe as-saq (la pierna).

Markab, a pesar de denominarse α Peg, no es la estrella más brillante de Pegaso, sino la tercera (la estrella más brillante es Enif, ε Peg, con una magnitud aparente de +2,35, mientras que la de Markab es de +2,45). Es una estrella gigante blanco-azulada del tipo espectral A, que se encuentra a una distancia de unos 135 años luz. Su nombre es árabe, Markab, la silla del caballo.

Algenib es la cuarta estrella más brillante de Pegaso, con una magnitud aparente de +2,8. Es una gigante azul del tipo espectral B, que se encuentra situada a unos 400 años luz de distancia. Su nombre también viene del árabe, al-janib, el lado o flanco del caballo.

En Pegaso se encuentra el cúmulo globular M15 y dos grupos de galaxias muy conocidos entre los aficionados, el Grupo NGC 7331 y Quinteto de Stephan.

Además de Pegaso, el cielo de otoño nos ofrece otras constelaciones. Como ya se ha comentado, Pegaso comparte Alpheratz con Andrómeda, otra constelación de otoño y famosa porque en ella encontramos la galaxia de Andrómeda, M31, la galaxia mayor del Grupo Local (cúmulo de galaxias al cual pertenece nuestra galaxia, la Vía Láctea), junto con sus galaxias enanas satélites M32 y M110. Por debajo de Andrómeda nos encontramos con la pequeña constelación del Triángulo, famosa por contener otra galaxia del Grupo Local, la galaxia del Triángulo, M33, la tercera mayor de dicho cúmulo (la segunda es la Vía Láctea) y Aries. Por debajo de Andrómeda, pero sobre todo de Pegaso, está la larga constelación de Piscis y por encima del caballo la pequeña y escurridiza constelación del Lagarto.

En las imágenes siguientes, realizadas también desde Querol el día 30 de noviembre de 2019, podemos ver estas constelaciones.

Hacia la derecha de Pegaso nos encontramos con el Cisne y las constelaciones de verano y por encima de Andrómeda y del Lagarto, Cefeo y Casiopea y las constelaciones circumpolares, como puede verse en la siguientes imágenes, realizadas también desde Querol el mismo día que las anteriores.

Por debajo de Piscis hay otra enorme constelación de otoño, la Ballena y a su derecha Acuario. En las siguientes imágenes, realizadas los días 7 de septiembre de 2019 y 8 de diciembre de 2018 también desde Querol, podemos ver estas otras constelaciones de otoño.

Finalmente, a la izquierda de las constelaciones de Andrómeda, el Triángulo y Aries, nos encontramos con la última constelación de otoño del hemisferio norte que nos queda, Perseo, con su espectacular Doble cúmulo de Perseo situado entre esta constelación y Casiopea, visible a simple vista desde cielos oscuros y que son dos cúmulos abiertos, NGC 569 y NGC 884. En la siguiente imagen, realizada también desde Querol, podemos ver dicha constelación.

Zona Perseo 07_09_2019 Querol

Zona Perseo

Perseo por debajo y la Ballena por la izquierda, nos enlazan con la Auriga y el Tauro y las constelaciones de invierno, como muestra la siguiente imagen realizada desde Querol el día 30 de noviembre de 2019.

Zona Tauro 30_11_2019 Querol

Zona Tauro

La mitología griega tiene una bonita historia referente a algunas de estas constelaciones y dos circumpolares, el mito de Perseo y Andrómeda. Según dicha mitología, Cefeo, rey de Etiopía según algunos y Jopa (Jaffa), en Palestina, según otros y su mujer Casiopea, eran los padres de Andrómeda.

Andrómeda y su madre eran unas mujeres muy bellas, pero Casiopea además era muy vanidosa. Tanto fue así que se atrevió a decir que su belleza (la de ella y su hija) era mayor que la de las Nereidas, las ninfas del mar. Éstas, ofendidas por las palabras de Casiopea, se lo dijeron a Poseidón, el dios del mar, el cual se enfadó muchísimo y castigó al pueblo de Cefeo y Casiopea, enviando a sus costas al monstruo marino Cetus (la Ballena) y agitando las aguas con su tridente, provocando grandes inundaciones sobre las tierras costeras. Cefeo desesperado consultó al oráculo de Amón para ver cómo podía salvar su reino, el cual le dijo que la única solución era ofrecer en sacrificio a su hija Andrómeda al monstruo marino Cetus.

De esta manera, encadenaron en las rocas costeras a Andrómeda para que el monstruo la devorara, pero antes de eso, Perseo, que venía de matar a la Medusa a lomos de Pegaso, el caballo alado nacido de la sangre derramada de la Medusa al cortarle Perseo la cabeza, vio a la pobre y hermosa Casiopea a punto de ser sacrificada y se enamoró de ella. Perseo fue a ver a Cefeo y Casiopea y se ofreció a salvar a Andrómeda a cambio de casarse con ella, a lo que los padres accedieron, a pesar de estar prometida a su primo Phineus (Fineo).

Perseo volvió al acantilado donde estaba encadenada Andrómeda y, tras una lucha feroz, consiguió matar al monstruo y salvar a Andrómeda. Ella y Perseo se casaron, pero durante la boda regresó Fineo, muy celoso él, junto con sus seguidores para proclamarse como legítimo marido de Andrómeda. Tras otra lucha feroz, Perseo sacó finalmente la cabeza de la medusa que la tenía guardada en su zurrón y convirtió en piedra a Fineo y a sus seguidores.

Finalmente Perseo y Andrómeda se casaron y vivieron muy felices el resto de sus días. A la muerte de la pareja, Atenea los situó en el cielo al lado de Cefeo, Casiopea, Pegaso y la Ballena.

La imagen siguiente, realizada a partir del Stellarium, muestra las representaciones de estas constelaciones y del resto de las constelaciones de otoño.

Consts_otoño

Representación de las constelaciones de otoño

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Circumpolares, Querol 03/08/2019

La noche del 3 de agosto de 2019 fue productiva. Primero estuve con una Luna con tan solo 2 días (Luna 20/07 y 03/08 de 2019) y después monté el telescopio, con el cual estuve observando algunos objetos de cielo profundo, si bien me centré en dos en concreto: M31, la galaxia de Andrómeda e IC 5070, la nebulosa Pelícano, a los cuales también les hice unas fotografías.

Circumpolares 03_08_2019 Querol

Trazas de las circumpolares durante 40 minutos

Pero además, mientras dejé la cámara puesta en el telescopio haciéndole fotos a la Pelícano, monté la réflex con el objetivo 15-85 sobre el trípode, apunté a la Polar e hice esta foto de las trazas que dejan las estrellas circumpolares durante casi 41 minutos.

Esta fotografía es fruto de 70 tomas de 30 segundos a intervalos de 5 segundos, lo que hace un total de casi 41 minutos (40,75 minutos o 40 minutos y 45 segundos). El montaje está hecho con Startrails, una aplicación gratuita que sirve precisamente para realizar estos montajes de trazas de las estrellas.

Estas trazas son debidas al movimiento de rotación de la Tierra; la Tierra gira entorno a su eje norte-sur en sentido oeste-este, pero aparentemente, para nosotros, parece que sea todo el cielo que gira en sentido este-oeste entorno a la estrella Polar. Esto hace que, si hacemos una foto de larga exposición, salgan las trazas de las estrellas debido a su movimiento aparente en el cielo (como las fotos de las luces de los coches durante la noche).

La siguiente fotografía es la primera toma, la del inicio.

Y esta otra es la última toma, la del final.

Entre ambas tomas hay casi 41 minutos de diferencia y se puede apreciar el cambio de posición de las estrellas.

Con las 70 tomas hice un pequeño time lapse de estos casi 41 minutos concentrados en 7 segundos. En esta animación sí se observa perfectamente este movimiento aparente del cielo entorno a la estrella Polar.

Circumpolares 03_08_2019 Querol

41 minutos en 7 segundos

En el time lapse puede observarse una Perseida que parece que vaya hacia la Polar. Las Perseidas (lágrimas de San Lorenzo), son quizás la más famosa lluvia de estrellas, la cual se da cada año hacia mediados de agosto, cuando la Tierra pasa por la órbita del cometa 109P/Swift-Tuttle, llena de restos del mismo. En concreto este meteoro se cruzó en la toma 30 (a los 17 minutos). La siguiente imagen es esta toma donde aparece la Perseida.

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Luna 07/09/2019

El sábado 7 de septiembre de 2019 la Luna estaba gibosa creciente, con ocho días de edad (un día después de cuarto creciente) y con una iluminación del 60%.

Cuando está creciendo, la Luna sale por la tarde, y antes de montar el telescopio, le hice unas fotos a nuestro satélite de día.

Primero le hice estas dos, con una cámara Canon EOS 70D y un objetivo Canon 15-85.

Seguidamente, le puse el 70-300 y le hice dos más, una con las ramas de un almendro (el mismo que aparece en las dos fotos anteriores).

Luna gibosa creciente 07_09_2019_d

Luna gibosa creciente de día

Y otra a ella sola, donde se pueden apreciar los cráteres del terminador.

Luna gibosa creciente 07_09_2019_c

Luna gibosa creciente de día

Luna gibosa creciente 07_09_2019_e

Luna gibosa creciente

Finalmente, monté el telescopio y esperé que se hiciera de noche.

Pero antes de observar y hacer fotos de nuestro satélite con dicho instrumento, aproveché que todavía estaban en el cielo los dos planetas gigantes gaseosos (Júpiter y Saturno) para observarlos y hacerles unas fotos (Júpiter y Saturno 07/09/2019).

De hecho, estos dos planetas nos han acompañado durante todo el verano de 2019, en la zona del cielo de Sagitario, Ofiuco y Escorpión.

Así que, con un telescopio reflector Skywatcher 200/1000 y una cámara Canon EOS 70D, le hice la foto de la izquierda a la Luna gibosa creciente.

A la cual le puse los nombres de los cráteres más importantes que se podían observar, así como de los mares.

Luna gibosa creciente 07_09_2019_f

Luna gibosa creciente

 

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Luna 20/07 y 03/08 de 2019

La Luna fotografiada en dos días y fases diferentes, realizadas sin telescopio, con una cámara Canon EOS 70D y un objetivo Canon 70-300.

Luna 20/07/2019

Este día la Luna estaba gibosa menguante en su 18º día (cuatro días después de llena) y con un 86% de iluminación.

Me pilló de vacaciones en Granada, por lo que no tenía telescopio para fotografiarla, pero sí cámara y teleobjetivo. Le puse la máxima focal del mismo (300 mm) y le hice la siguiente fotografía.

Luna gibosa menguante 20_07_2019 Granada_a

Luna gibosa menguante

Tampoco llevaba trípode, apoyé la cámara como pude en el balcón del alojamiento y esto es lo que salió. De todas maneras, se pueden apreciar los cráteres más importantes y los mares.

Luna gibosa menguante 20_07_2019 Granada_b

Luna gibosa menguante

Luna 03/08/2019

Este día la Luna estaba creciente en su 2º día con un 6% de iluminación. Con tan poco tiempo, la Luna sale pronto y se pone pronto. Monté el telescopio para hacer unas fotos de cielo profundo (de M31, la galaxia de Andrómeda y de IC 5070, la nebulosa Pelícano), pero lo monté después de hacer estas fotos de la Luna, eso sí, esta vez con trípode. En este caso las hice desde Querol y la primera que hice fue la siguiente.

Luna creciente 03_08_2019 Querol_c

Luna creciente

Después hice un par de fotos con más tiempo de exposición, para que se viera la luz cenicienta de nuestro satélite, ideal con la Luna en esta fase tan joven.

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Júpiter y Saturno, 07/09/2019

Durante las noches de verano de 2019 del hemisferio norte (invierno del hemisferio sur), hemos estado acompañados de los dos planetas gigantes gaseosos del Sistema Solar, esto es, Júpiter y Saturno. Pero no solo eso, los dos planetas han estado en la misma zona del cielo (entre las constelaciones de Sagitario, Ofiuco y Escorpión), por lo que los hemos podido observar a las mismas horas y cercanos en el cielo entre sí.

En concreto, Saturno se ha encontrado en la constelación de Sagitario y Júpiter entre las constelaciones de Ofiuco y Escorpión, como puede verse en la imagen siguiente, realizada desde Querol el día 2 de agosto de 2019 con una cámara Canon EOS 70D y un objetivo Canon 15-85.

Zona Sagitario 02_08_2019 Querol

Saturno y Júpiter en Sagitario-Ofiuco-Escorpión

A pesar de haber estado todo el verano en el cielo y haberlos observado diversas noches con el telescopio, no les hice ninguna foto con dicho instrumento hasta la noche del día 7 de septiembre de 2019, ya casi a punto de desaparecer del cielo hasta el año siguiente. Estas fotos las hice también desde Querol.

Así que, esa noche, monté el telescopio (Smidt Cassegrain Celestron 203/2032) y le acoplé la cámara para planetaria (DBK 21AU04). De hecho, hacía tiempo que no fotografiaba planetas con el telescopio y pude comprobar que esta cámara, que me dio muchas satisfacciones en sus tiempos, se me ha quedado bastante obsoleta y habrá que “jubilarla” y hacerme con otra.

Empecé con Júpiter, al que le hice la siguiente fotografía.

Los dos puntos que se ven a la izquierda de Júpiter son Io y Europa, dos de los cuatro satélites galileanos. En observación visual, esto es, mirando por el telescopio a través de un ocular, se veían los cuatro galileanos en el mismo campo, pero con la cámara, que da un campo menor al dar más aumento, Ganímedes y Calisto estaban fuera del campo.

En la fotografía, el más cercano a Júpiter es Io y el más alejado Europa, como puede verse en la imagen de la derecha

Seguidamente, apunté con el telescopio a Saturno y le hice esta fotografía al “Señor de los Anillos”.

En la fotografía se observan además, cuatro satélites de Saturno (en visual también se veían perfectamente): Titán, Tetis, Rea y Dione (Japeto, que junto con los otros cuatro son los cinco satélites mayores de Saturno, salía fuera del campo).

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NGC 6888, la nebulosa Creciente

En el centro de la constelación del Cisne, entre las estrellas Sadr (γ Cyg, gamma Cygni) y η Cyg (eta Cygni), aparentemente a un tercio de camino entre estas dos estrellas, se encuentra una bonita y curiosa nebulosa de emisión, la nebulosa Creciente o Medialuna, catalogada como NGC 6888, aunque también está incluida en el catálogo Caldwell como C27.

La siguiente fotografía, realizada desde Querol el día 24 de agosto de 2019 con un telescopio reflector Skywatcher 200/1000 y una cámara Canon EOS 550D, es de esta nebulosa.

NGC 6888 24_08_2019 Querol_1

NGC 6888, la nebulosa Creciente

La estrella azulada que se encuentra en el centro, SAO 69592, es la causante de esta nebulosa y de su brillo. Esta estrella es una estrella de Wolf-Rayet (en concreto SAO 69592 es la estrella Wolf-Rayet WR 136). Estas estrellas, descubiertas en 1867 por los astrónomos franceses Charles Wolf y Georges Rayet, son estrellas masivas (más de 20 masas solares), calientes (entre 25000 K y 50000 K), con picos de emisión en el ultravioleta y con unas altas tasas de pérdida de masa debidas a los potentes vientos estelares que salen de estas estrellas.

En ocasiones, las capas externas de la estrella de Wolf-Rayet expulsadas por el viento solar, son ionizadas por la radiación ultravioleta de la estrella, convirtiéndolas en una nebulosa de emisión en forma de enorme burbuja y denominadas nebulosas de Wolf-Rayet. Pero ni se trata de una nebulosa planetaria ni de un remanente de supernova. Ambos casos son fases tardías de la evolución de las estrellas una vez han consumido todo el combustible de su interior, el primer caso en estrellas de masa mediana-pequeña y el segundo caso en estrellas masivas. Las estrellas de Wolf-Rayet todavía no han consumido todo su combustible y en su núcleo se siguen dando reacciones nucleares de fusión. Todavía no han expulsado el material debido a la explosión supernova y formado el remanente de supernova. Estas estrellas acaban, eso sí, explotando como supernova; es decir, son dos fases diferentes en la evolución de la estrella.

SAO 69592 se convirtió en estrella de Wolf-Rayet hace unos 250000 años y cada 10000 años expulsa el equivalente a la masa de nuestro Sol. Probablemente acabará como supernova en unos cientos de miles de años o pocos millones de años.

La imagen siguiente es un recorte de la anterior y en ella podemos ver con más detalle la nebulosa Creciente y la estrella SAO 69592.

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NGC 6888 y la estrella SAO 69592

La nebulosa creciente, que fue descubierta por William Herschel en 1792, tiene unos 25 años luz de diámetro y se encuentra a una distancia de nosotros de unos 5000 años luz. Tiene una magnitud aparente de 7,4, un brillo superficial de 12,9 mag/min arco2 y un tamaño aparente de 20′ x 10′.

En la imagen siguiente, realizada desde Querol el día 29 de junio de 2019 con una cámara Canon EOS 70D y un objetivo Canon 15-85, he señalado la ubicación en el cielo de la nebulosa Creciente (coordenadas ⇒ AR: 20h 12m 51s / +38º 24′ 58”).

Zona Cisne 29_06_2019 Querol

Ubicación en el cielo de NGC 6888

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